Muere el obispo de los pobres

El pasado 8 de agosto moría monseñor Pedro Casaldáliga obispo de los pobres que durante más de 50 años había sido obispo en la Diócesis de Sao Felix de Araguaia, en el Matto Grosso brasileño.

Este claretiano nacido en un pueblo de Cataluña en 1927 había sido un ejemplo de la Teología de la liberación y como él había dicho “los ángeles tienen dos alas pero siempre se recorta la de la izquierda”.

El ejemplo de Don Pedro, como era conocido en Brasil, también había llegado a Nicaragua que visitó por primera vez en 1985 en su solidaridad con el pueblo y la revolución nicaragüense. “Llevo Nicaragua en mi vida ahora como un amo, como un hijo, como una causa”.

Enterrado humildemente como quiso que fuera su vida entregada a los más desfavorecidos, bajo un árbol en un cajón de madera sin flores, descalzo y una manta de retazos de telas de Nicaragua.

Grandes polémicas suscitó Don Pedro en la jerarquía católica y en 1988 es llamado al Vaticano para explicar sus viajes a Nicaragua y su apoyo al pueblo y la revolución nicaragüense. De allí sale con la prohibición de viajar a Nicaragua que le impone la Santa Sede.

Pero no todo fueron malas relaciones con la Iglesia institucional, hay que recordar las palabras de Pablo VI cuando fue amenazado de muerte por los hacendados del Matto Grosso brasileño. El papa dijo en aquella ocasión: “Quien toca a Pedro, toca a Pablo”.

Su compromiso con los más pobres y con las causas de la ecología y defensa de los derechos humanos le valieron que la jerarquía católica le considerara una persona alejada de la fe y de la ortodoxia católica, pero Don Pedro siguió fiel a su compromiso y en sus más de 50 años de obispo no dejó de defender las causas pendientes de todos los pueblos y personas oprimidas. Gran escritor y poeta recordamos uno de sus poemas dedicados a Nicaragua:

“A todos los hijos de Nicaragua
—madre de hombres y mujeres y niños libres—
que han sido capaces de amar su Libertad
hasta la muerte.

A todos los hijos cristianos de Nicaragua
que demuestran con el testimonio de su lucha
y de su esperanza y de su martirio
que nuestro Dios es verdaderamente un Dios Libertador.

A todas las madres de Nicaragua
que han dado a luz
tantos poetas, tantos libertadores, tantos mártires.
Al pueblo libre de Nicaragua
que sigue defendiendo, en el trabajo, en la fiesta,
en la frontera y en la oración,
su hermosa Libertad, nuevamente agredida por el imperio.
A las Iglesias de Nicaragua
que quieren caminar,
como Jesús de Nazaret,
en la simplicidad del Evangelio de los Pobres,
y luchan por la construcción del Reino,
fortalecidas por el Espíritu del Resucitado.

Para que la Libertad de la Nueva Nicaragua
—que Sandino soñó en la montaña—
llegue a ser la entera Libertad:
aquella Libertad con la que Cristo nos liberó.

Para que la Libertad de la Nueva Nicaragua
fermente la entera Liberación
de la Nueva América que soñamos”.

Descanse en paz Pedro Casaldáliga y que esta Nicaragua Nicaragüita, que ha tenido homenajes que ha realizado la UNAM de Managua en su recuerdo y que continúe su camino por los cielos siderales igual que caminó descalzo sobre la tierra roja de su país de acogida.

El autor es maestro de primaria, Palacagüina.