Noches de café: «Mis compañeros de Narcóticos Anónimos me han ayudado a sustituir el miedo por fe»

Aquí todos se saludan, bromean o comentan qué tal su jornada del día. En tiempos como este, días lluviosos de invierno, comparten una taza de café y un polvorón, que compran con el dinero que ellos juntan antes de iniciar la sesión de la noche. En momentos de crisis sanitaria por el Covid-19, todos portan sus mascarillas, se echan alcohol líquido y tratan de mantener distanciamiento, se conserva un caluroso ambiente de acogida. Estamos en el barrio Monseñor Lezcano, Managua, exactamente del cine León tres cuadras arriba y media abajo.

En este lugar, de lunes a sábado, desde las 5:30 p.m hasta las 8:30 p.m, y domingos de 5:00 p.m a 8:00 p.m, se reúne un grupo de unos 20 hombres, entre ellos adolescentes, jóvenes, adultos y señores de la tercera edad. Son los miembros del grupo Honestidad – parte de Narcóticos Anónimos – y es al que pertenece Lésther. «Aquí he aprendido a sentir, a emocionarme, a vivir la vida tal y como es, aceptarla, independientemente de las circunstancia, problemas y afrontar la vida de una manera positiva», dice el joven de 19 años, mientras de fondo un señor de unos 70 años, a quien el moderador del grupo le otorgó la palabra, empieza a dar su lección de vida.

Lea además:Observatorio Ciudadano registra más de 2,600 muertes sospechosas de Covid-19 en Nicaragua

Pese a que la llegada del Covid-19 llegó a transformar los espacios y dinámicas sociales, muy pocos grupos han recurrido a sus reuniones por Zoom. En esta organización hacen el gran esfuerzo de mantener sus reuniones presenciales cumpliendo con todas las medidas de seguridad. Todos puntuales pasadas las seis, asisten a diario, debido a que consideran que este es un espacio de apoyo que apuesta por no perder el hábito y contacto humano para que sus miembros no sientan que están solos o no tienen un lugar o un amigo al cual recurrir. Todas las noches comparten café. Todas las noches recogen para el café de la noche siguiente.

17 de septiembre

Si le pregunta a Lésther cómo se identifica, dice ser «adicto en recuperación». Tiene porte de buen muchacho, 1.75 metros de altura, es blanco y delgado. Tiene 19 años y a sus 15 años comenzó a consumir drogas por «curiosidad», sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos, se volvió dependiente de sustancias como cocaína, marihuana, crack, pero dice que desconocía que era ser una persona adicta hasta que «abusé de mi poder».

Noches de café: «Mis compañeros de Narcóticos Anónimos me han ayudado a sustituir el miedo por fe». LA PRENSA / WILMER LÓPEZ
Noches de café: «Mis compañeros de Narcóticos Anónimos me han ayudado a sustituir el miedo por fe». LA PRENSA / WILMER LÓPEZ

Dice que los problemas familiares y el no tener una identidad propia influyeron demasiado para que se convirtiera en un adicto a las drogas. Lésther recuerda y describe esa etapa como «una fuga de escape. Cuando consumía droga, salía de mi realidad, no me gustaba vivir o estar en esa «realidad», desconocía hasta quién era y la droga se convirtió en mi refugio», relató a LA PRENSA.

Lea además: Las cinco crisis que viven los nicaragüenses y cómo afectan la salud mental

Lo que para Lésther comenzó por «curiosidad», terminó aislándolo de toda su familia y de las personas que más quería. Estuvo internado durante tres meses en el centro de rehabilitación CARA. Pero en 2018, cuando tenía 17 años, conoció a la organización «Narcóticos Anónimos» (N.A), una entidad sin fines de lucro, que asiste, acompaña y se convierte para muchos en una familia más allá de ser un grupo de rehabilitación y soporte para personas que buscan superar sus adicciones a sustancias.

Narcóticos Anónimos tiene presencia en Nicaragua con más de 30 agrupaciones, de las cuales 16 están en Managua y las 15 distribuidas en los departamentos. El único requisito para ser parte de la organización es «que tu voluntad sea más grande que tu adicción», aseguran los miembros del grupo Honestidad.

Interior del lugar de reunión Honestidad en Managua. LA PRENSA / WILMER LÓPEZ
Interior del lugar de reunión Honestidad en Managua. LA PRENSA / WILMER LÓPEZ

«Esa fuerza más grande que la mía fue la que me trajo a este grupo», confesó Lesther y agregó que «desde ese momento comencé mi proceso de recuperación. El 17 de septiembre, cumplo dos años de estar limpio, han sido dos años en los que me ha cambiado la vida».

«Un adicto puede comprender y ayudar a otro adicto»

Lésther se siente afortunado el ser parte del grupo Honestidad, pues al poco tiempo de haber entrado a la sala de N.A le dieron la oportunidad de retomar sus estudios, el quinto año de secundaria. Según él, un adicto tiene muchos defectos y entre ellos se enfrentan al  «miedo al éxito».

«Mi misma enfermedad me hacía detenerme a hacer las cosas buenas. Mis compañeros me han ayudado a superar ese miedo, me han hecho sustituirlo por fe, y creer en un poder superior», destacó Lésther quien en la actualidad ha logrado reinsertarse a la sociedad, misma que a su criterio durante sus años de consumo lo rechazó.

A las reuniones asisten desde adolescentes, jóvenes, adultos y de la tercera edad. LA PRENSA / WILMER LÓPEZ
A las reuniones asisten desde adolescentes, jóvenes, adultos y de la tercera edad. LA PRENSA / WILMER LÓPEZ

Para el joven, quien ahora es universitario, vivir el momento le recuerda que «un adicto puede comprender y ayudar a otro adicto, compartiendo su fe, fortaleza y esperanza». Como otros de sus grandes logros en el proceso de rehabilitación, Lésther comparte: «he podido recuperar a mi familia, mejorar mi comunicación con ellos y conmigo mismo, estar consciente de mis acciones, nivelar mis emociones, hoy en día puedo decir que disfruto la vida, sin necesidad de estar consumiendo. Puedo tener relaciones amorosas, tener verdaderos amigos y la aceptación de mi familia».

Voluntad propia

Lésther es secretario general de N.A y afirma que todos los adictos que entran al grupo deben hacerlo por voluntad propia, considera que la persona que deja de consumir drogas por otras razones que no sea la voluntad, lamentablemente no podría resistir al proceso de rehabilitación.

Efrén S, encargado de relaciones públicas de la organización, aclaró que este programa no está afiliado a ningún sector religioso ni político. «Este programa consiste en una serie de principios espirituales, contemplado en 12 pasos y 12 tradiciones, que al practicarlos la persona deja de consumir. Nosotros vemos la enfermedad de la adición, le demostramos al adicto que existe una forma de dejar de depender de la droga. El único requisito es el deseo y voluntad de dejar de consumir», señaló Efrén.

Fachada del grupo Honestidad en el barrio Monseñor Lezcano. LA PRENSA / WILMER LÓPEZ
Fachada del grupo Honestidad en el barrio Monseñor Lezcano. LA PRENSA / WILMER LÓPEZ

Otro de los miembros de la agrupación, Guillermo B, afirmó a LA PRENSA que la metodología utilizada en las reuniones es la psicoterapia. «Nos reunimos a compartir nuestras experiencias basadas en fe personal, fortaleza y esperanza.  A través de nuestras reuniones hemos dejado de consumir, hemos perdido el deseo (de consumo de drogas) y nos convertimos en miembros de la sociedad, a ser personas responsables y productivos», añadió.

Lea además: «Los coyotes nos asaltaron y dispararon. Me dieron en la cabeza», relata cubana atacada en la frontera de Nicaragua

Quienes asisten a las reuniones de N.A tienen sesiones de estudios donde leen, escriben y comparten conforme su experiencia. Narcóticos Anónimos es un programa mundial que nació en California, Estados Unidos a finales de los años 50, y en Nicaragua inició el 21 de enero de 1997. Los entrevistados para esta pieza periodística pidieron usar sólo su nombre y la inicial de su apellido.